Artículo de opinión
De Discursos, Palabras y Sentido
Por Tomás Loewy
Publicado en Bahianoticias el 26 de agosto de 2011 (otros artículos).
“Y si en vez de luchar denodadamente por “un país mejor”, nos preguntamos -antes- cual?. Durante los meneados noventa, Horacio Verbitzky imputo al menemismo, no sin razón, el vaciamiento de las palabras. El peronismo oficial, al auto ubicarse en las antípodas de aquellos años, supone un “rellenamiento” consecuente de aquel lenguaje. Una primera aproximación al discurso actual, empero, no remite a elaboraciones de rigor. Más bien es un corto compendio de palabras a las que el receptor podrá darles, eventualmente, el sentido positivo que los emisores descuentan. Quizás ellos prefieran no aclarar, para no oscurecer o no tomar riesgos, no lo sabemos.
Política y ciencia
El caso nos invita a hacer un símil con las palabras claves que preceden el resumen de un trabajo científico o un dossier. Ellas orientan al lector sobre los contenidos del texto a fin de no ilusionarse con otras cosas y elegir, o no, proseguir con la lectura. Se les atribuye un sentido univoco, para que cumplan esta función. Las palabras remiten a contenidos precisos y el paper esta disponible
Se me dirá que esto es política, no ciencia. Vale, pero alguna coherencia comunicacional deberíamos guardar. En cuanto al primer término, lo que estamos evaluando ni siquiera califica en esta categoría: a lo sumo es política electoral (distinta a la de los hechos, o de la Constitución). Esta modalidad -en nuestro país- ya no se acota a periodos o años electorales. Actualmente, por otra parte, la política esta refugiándose en los movimientos y las organizaciones sociales: la democracia representativa y el sistema de partidos atraviesan una medular crisis de representación, sin retorno a la vista. Siguiendo a Alain Badiou (2000), a partir de este siglo -lamentablemente- ya forman parte del poder.
Preguntas
Digresión aparte, volvamos al análisis del discurso oficial. A falta de mayores precisiones, sólo nos resta intentar algunas preguntas que -con toda probabilidad- serán más acertadas que cualquier respuesta. Sin pretender confrontar con lo real o la realidad construida, veamos algunas expresiones emblemáticas.
a.- El “Modelo”. Nunca definido, nunca fundamentado ni elaborado. No se conoce un párrafo explicito de esta herramienta teórica, vital para cualquier empresa de cierta envergadura. A lo sumo se dice que es “inclusivo”. No se sabe si lo es, porque incluye a muchos o fagocita a los más desprevenidos. Uno de los recursos para maquillar o redefinir lo real y los entornos imaginarios son las palabras. Por eso se machaca con ellas, frecuentemente para enmascarar realidades incomodas. Por ejemplo, especulan, si aumenta la exclusión instalemos “para todos”.
b.- El “Proyecto”. Un proyecto se supone que es de un País y como tal debe ser producto de coordinados debates, académico-políticos, horizontales y comunitarios. No puede, por lo tanto, ser privativo de una línea interna de un partido político. Menos aun si ese sector detenta el gobierno y lo quiere aplicar por si. Debe ser patrimonio de las expresiones nacionales e implementarse con políticas de Estado. Pero a esta altura no resulta ocioso interrogarse ¿cual Estado? ¿donde está? ¿es el Gobierno, el partido o la presidente?. Es difícil hacer un juicio de valor de lo que no exhibe identidad. Conclusión: lo primero es lo primero y, en este caso, es la República.
c.- “Hemos transformado el país”. En esta expresión estamos de acuerdo, al menos lo están intentando con mucho entusiasmo. Es más, hasta cierto punto lo han logrado. Ahora bien, la pregunta es, ¿porque la palabra “transformación” tiene que ser, indefectiblemente, positiva? Acaso no tenemos suficientes ejemplos negativos. Basta mirar el mundo, el ambiente, el hambre de más de mil millones de personas, la desnutrición infantil, por citar algunos. Ocurre que antes de transformar hay que ponerse de acuerdo -transversalmente- con que proyecto, con que modelo, con quien hacerlo y para que. No recuerdo estas precisiones en ninguna campaña electoral argentina: Mirémonos, también, un poco a nosotros mismos.
Realidades
Tengo para mí que la sojización es un modelo cabal que responde a un proyecto bien diseñado, debidamente gestionado por el poder corporativo global y los socios locales. Cumple todos los requisitos, teóricos, estratégicos e instrumentales. Este modelo es el hijo adoptivo o natural de este gobierno, entre otros, inconfesable pero evidente. Con los recursos que provee instala discursos y “realidades” a discreción, procurando disimular falencias de gestión, enfoque o visión. No estamos diciendo que se hace todo mal o que no se hace nada. No seria justo. Pero, lo que se hace bien: ¿es un fin en si mismo? ¿O es un medio para otros fines? Es solo una pregunta. Ya sabemos que el fin no justifica los medios y estos no resignan jerarquía sobre los resultados. Yo aspiro, para nuestro lugar en el mundo, una coherencia entre el fin y los medios.
Al vaciamiento de las palabras, en el siglo XXI, doblamos la apuesta con el vaciamiento de los discursos. Mientras tanto los problemas estructurales del país siguen potenciándose: polarización demográfica, desertificación social y ecológica del interior, concentración y deslocalización económica, degradación ambiental, primarización de la economía y extractivismo/exportación de recursos naturales, etc. Sin mencionar los pasivos humanos, síntomas consistentes de estos procesos.
Lamentablemente verificamos, también, que en la llamada “oposición” nadie toma la posta de asumir algo que no sea estrictamente opositor y/o electoral. No son todos iguales, por cierto y por suerte, pero comparten esa insolvencia política y no es casual (volvemos a Badiou). Pensar en el mediano y largo plazo o en un ordenamiento territorial “pianta votos” (al principio) ya que pone nerviosa a las corporaciones, a distintas escalas y facturan rápido al “descarriado”. Prefieren seguir, por lo tanto, con las promesas de resolver problemas, respaldados por sus “equipos técnicos”. Mucha gente, en cambio, escoge absorber un discurso, comprar la carga simbólica de unas pocas voces, aunque no remitan a sus problemas. Las oposiciones nunca se animaron a un discurso alternativo y después de las primarias se quedaron sin palabras.
Conclusiones
Esta es la cultura política que tenemos hoy y que debemos elevar a través de la formación ciudadana con las organizaciones y movimientos sociales, fuentes de genuina política. No, necesariamente, en oposición a nadie, sin revoluciones. ¿Porque no probar con propuestas, sistémicas, escalares y multicriteriales, más allá de los síntomas, los negocios y los votos?: que privilegien el desarrollo (a escala humana) frente a la apología del crecimiento económico y el consumismo, ya colapsado; con modelos que reintegren valor a las palabras y sentido a los discursos; con proyectos que convoquen y entusiasmen horizontalmente a construir, desde lo local, pero con contexto.
Recuperar la agencia del sujeto, la política (hoy escindida del poder) y la autonomía de las comunidades, es un esfuerzo por el que vale la pena luchar. Sobre todo si queremos abordar, con cierto optimismo, los retos complejos, dinámicos y globales de nuestro tiempo.
Ing. Agr. Tomás Loewy
BADIOU, A. 2000. “Movimiento Social y Representación Política”, Instituto de Estudios y Formación de CTA. Conferencias del 24 y 25 de abril Buenos Aires, 24 y 25 de abril/00. http://red.pucp.edu.pe/ridei/buscador/files/83.pdf